Día uno: identifica una pregunta auténtica. Día dos: selecciona señales mínimas y define privacidad. Día tres: diseña una intervención breve. Día cuatro: implementa y registra. Día cinco: analiza y cuenta la historia. Documenta decisiones, supuestos y límites. Al cierre, invita a retroalimentación, publica un resumen transparente y decide, con serenidad, el siguiente ajuste basado en evidencia comprensible.
Elige pocas métricas con propósito: una de curiosidad observable, una de progreso de aprendizaje y una de bienestar. Acompáñalas con notas cualitativas. Prefiere indicadores explicables y sensibles al contexto antes que complejidades opacas. Revisa sesgos potenciales, valida con colegas y muestra ejemplos. Cuando todos entienden cómo se calcula y para qué sirve, las métricas guían sin dictar, iluminan sin imponer.
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